dimarts, 15 de maig del 2012

Todo es bonito cuando las cosas van bien


 Andreu es un joven de 23 años, nacido en la Clínica Virgen de la Cinta de Tortosa un 17 de mayo de 1978. Su padre nació en Sant Carles de la Ràpita, una localidad vecina, y su madre, también. Toda la familia de Andreu vive en Sant Carles de la Ràpita, un pueblo muy bonito al sur de Catalunya con un clima espléndido, rodeado por mar y montañas, “donde la tierra abraza al mar”, según decía, muy acertadamente, la publicidad de una cadena de televisión. Podemos afirmar, sin ningún tipo de duda, que Andreu es de Sant Carles de la Ràpita y no de Tortosa. Es rapitenco cien por cien. Es de estatura mediana, ni muy alto ni excesivamente bajo y de complexión fuerte, es un deportista de primera fila, musculoso y con sus buenos abdominales bien marcados, perfectos para llamar la atención de las jóvenes que veranean en su ciudad natal. A destacar su carácter, tranquilo y sabedor en todo momento de lo que quiere, le conviene y tiene que elegir. Es un magnífico compañero, que en los malos momentos siempre está a tu lado apoyándote y deseándote lo mejor.

 Un día soleado de julio, en plenas vacaciones escolares, Andreu se levantó de la cama y, sin lavarse la cara, como casi siempre, bajó por las escaleras que unían el segundo piso con el comedor, con tan mala suerte que tropezó y cayó rodando. De milagro no se abrió la cabeza ¡ pero era su día de la buena suerte! Se levantó confuso y fue directamente al baño. Allí se miró en el espejo y contempló asustado un gran bulto que le salía por un lado de la cabeza. Al verlo se quedo de piedra, su primera reacción fue mojarse con agua bien fría para bajar la inflamación. Además, el agua que resbalaba por su cara serviría para considerarse aseado. A los pocos instantes ya se encontraba mucho mejor. Se sentó a desayunar con sus padres que le preguntaron por el ruido que acababan de escuchar. Andreu simplemente giró la cabeza diciendo: “Tranquilos, no ha pasado nada”. Al explicarles que se había refrescado con agua sus padres quedaron tranquilos y marcharon a trabajar. La familia era propietaria de una gran imprenta, en donde se editaba la revista local. La imprenta había pasado de generación en generación, era uno de los negocios más antiguos de la población.

Andreu terminó de desayunar con calma, se vistió y marchó: tenía entreno de remo. Llegó al club con su bici, allí estaba su entrenador Miguel. No había nadie más, sólo Miguel y él. Los otros compañeros aún no habían llegado. Andreu era siempre muy puntual. Mientras charlaban empezaron a llegar los compañeros. Entre ellos Jordi, amigo de la infancia y compañero de bote, del dos sin timonel. Los dos remeros, que estaban siempre muy compenetrados, habían ganado en más de una ocasión, y con gran autoridad, las regatas celebradas, superando a remeros muy potentes de otros clubs de la comarca.

 Llegaron todos los remeros del club y empezó el entreno. Por delante tenían una larga y dura sesión, primero el calentamiento, dos vueltas corriendo sin forzar por el circuito habitual en un parque cercano y luego dos series de 1500 m. remando en el mar. Salieron todos juntos a correr, en total tardaron una media hora en hacer el recorrido. Llegados al almacén, en donde les esperaba el entrenador, al que, por cierto, le gustaba bien poco correr, prepararon los botes: revisar pedalinas, ajustar chumaceras y portantes, comprobar las guías y con los botes sobre los hombros y los remos en la mano se dirigieron hacia el pantalán flotante. La orden del entrenador fue clara: botes al agua, unas paladas de calentamiento y todos a esperar en el punto habitual de la salida de las regatas. Los cuatro botes, dos dobles escollos y dos esquifes. Poco a poco empezaron el calentamiento. Miguel se quedó en tierra esperando a una persona, sin que lo supieran los remeros. Había quedado con el seleccionador de la Federación Catalana de remo. Querían dar una sorpresa a Andreu, hacia tiempo que había hecho unas pruebas para formar parte de la Selección, uno de sus grandes sueños. Hoy podía ser el gran dia.

 El seleccionador y Miguel se embarcaron en una motora y fueron a la línea de salida en donde estaban ya todos los botes esperando. Todos los chicos se sorprendieron y se emocionaron al ver que el entrenador iba acompañado ni más ni menos que por el seleccionador catalán. Todos menos Andreu, al que se le secó por completo la boca.

 Se prepararon para hacer la primera serie. Dieron la salida al primer bote, un doble escollo formado por Paco y Carlos, uno de los doble escollos más rápidos de Catalunya. En segundo lugar, salió el dos sin timonel de Andreu y Jordi, una de las grandes promesas del mundo del remo. Como era de esperar, el seleccionador no quitó el ojo a Andreu: observó el ritmo de la salida, la progresión durante la serie, el rendimiento y, sobre todo, la técnica del joven rapitenco. Terminada la serie, y después de unos instantes bien merecidos para recuperar el aliento, se les acercaron con la lancha motora. El seleccionador les obsequió con unas palabras muy emotivas y animosas y le dijo a Andreu que quería hacerle unas pruebas con un esquife. Andreu, emocionadísimo, golpeó varias veces el agua con la mano, pero se quedó con las ganas de gritar con todas sus fuerzas. No era tampoco cuestión de perder las formas delante del seleccionador. Las cosas comenzaban a pintar bien.

 Se acercó a tierra para dejar el dos sin timonel y preparar el esquife. Miguel le dijo que eligiera el mejor bote que tenían en aquellos momentos y Andreu, sin dudarlo, cogió un Empacher, uno de los mejores botes del mercado, y utilizado habitualmente por las grandes selecciones como la española y la catalana. Cogió el bote con nerviosismo, lo preparó y bajó al agua. Antes de salir a remar lo revisó todo de nuevo, era la serie más importante para él.

 Se embarcó y salió hacia la línea de salida, allí le estaban esperando todos sus compañeros con sus botes. El seleccionador le habló por última vez, unas palabras de ánimo y motivación para el joven remero. El seleccionador, con el cronómetro en mano, dio la salida y Andreu arrancó con todas sus fuerzas, no violentamente pero sí con decisión. Miguel se quedó sorprendido al ver la salida, quizás la mejor de todo el año. El seleccionador también quedó impresionado. A mitad de la serie, Andreu mantenía un ritmo fantástico, el bote se desplazaba sobre una mar en total calma a una velocidad increíble. Faltaban pocos metros para el final, apretó con fuerza la boca y dio todo lo que tenía dentro, fueron treinta segundos de gran sufrimiento, pero merecía la pena. Cruzada la línea de meta, quitó los pies de las pedalinas y los puso en el agua para que corriese la sangre por su cuerpo y descargar toda la tensión acumulada. Unos cuantos minutos para descansar tras los cuales Miguel le mandó una vuelta de recuperación y que entrasen ya hacia el pantalán. Los compañeros continuaron con su rutina de entrenamiento. Miguel y el seleccionador se fueron a tierra firme.

 Ya en el pantalán, Andreu sacó el bote del agua y lo depositó sobre unos caballetes y, como hacia siempre, empezó a lavarlo con agua y jabón, era el mejor bote de que disponía el club y había que cuidarlo, el agua salada del mar lo estropea todo con mucha facilidad. El seleccionador les felicitó, tanto a Andreu como a su entrenador y Miguel agradeció las reconfortantes palabras del seleccionador, que dijo que Andreu era unos de los mejores remeros de toda Catalunya. Poco a poco lo compañeros de Andreu se aproximaron al pantalán y mientras limpiaban sus embarcaciones comentaban la serie de Andreu y la impresión que había podido causar al seleccionador. Andreu, Miguel y el seleccionador continuaban con su conversación, felicitándole una vez más por el gran esfuerzo realizado, por la constancia en los entrenos diarios que quizás le permetirían formar parte de la Selección Catalana.

 - ¿Cómo me ha visto en la serie? ¿Cual ha sido mi tiempo?- preguntó Andreu
- Muy bien, Andreu. Muy concentrado, con muy buen ritmo y buena técnica. Por el tiempo que has empleado no te preocupes, ya lo tengo yo anotado -le dijo el seleccionador.

 El seleccionador se despidió, les dijo que pronto tendrían noticias. Miguel y Andreu siguieron hablando, le comentó un par de cosas que no le terminaban de convencer sobre la serie, pero en general, Miguel estaba muy satisfecho. Andreu marchó hacia su casa nervioso, mordisqueándose las uñas, después de despedirse de los compañeros que le desearon muchísima suerte.

 Casi al mediodía Andreu llegó a su casa. Estaba solo, sus padres continuaban en la imprenta. Se fue directo al baño, estaba sudado, a finales de julio el calor aprieta. Después de darse una ducha y quedarse un poco mas relajado, decidió comer alguna cosa, el entrenamiento le había hecho perder muchas calorías. Con un bocadillo en mano se sentó en el sofá, encendió el televisor y daban un programa de coches, uno de sus favoritos, pero su cabeza no paraba de dar vueltas al entreno de la mañana: “¿que tiempo he hecho?, ¿le habré gustado al seleccionador?, ¿el mister esta contento con mis resultados?... “ Al poco sus padres llegaron de trabajar, los saludó, su padre se fue directamente a su despacho y su madre, a preparar la comida.: “¿Andreu puedes poner la mesa?” Se sentaron los tres a comer. Notaron que Andreu estaba inquieto. Su padre le preguntó por el entreno y él contestó que le había ido bastante bien, que el seleccionador de la federación catalana les había visitado para hacerle un test. En la Selección Catalana faltaba un remero y habían pensado en Andreu. Muy nervioso, les dijo que la cosa había salido bastante bien, que el seleccionador le había felicitado, que creía que tenía posibilidades. También les comentó que esperaba una llamada del seleccionador para comunicarle el resultado. Sus padres le animaron, le dijeron que como él no había nadie, que tuviese esperanzas. Después de comer marcharon de nuevo a trabajar.

 Andreu se tumbo en el sofá sin separarse del móvil ni un momento, mientras estaba viendo la tele se durmió. Al cabo de dos horas se despertó y vio que aun no tenía ninguna llamada, estaba muy nervioso, no podía esperar más. Por fin a las siete de la tarde sonó el teléfono. ¡ringggggg ringggggggggg! era el seleccionador. Contestó de inmediato:

 -Buenas tardes, Andreu. Soy el seleccionador. ¿Cómo estás?¿Qué te ha parecido la prueba de esta mañana?
 - Pues creo que he estado bien, al menos lo he intentado, de verdad que he puesto todo por mi parte.
- Andreu, estáte tranquilo y satisfecho. Te llamo para proponerte si quieres formar parte de la Selección, solo con verte esta mañana remar y saber el esfuerzo que me ha dicho Miguel que haces día tras día, me demuestra que tienes verdaderas ganas.
 - ¿Qué me dices?
Andreu se quedó bloqueado por unos instantes, pero como no podía ser de otra manera contestó que sí. Tras colgar el teléfono se fue a toda pastilla a comunicarles la noticia a sus padres.

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